Ollas, gitanas y heterogéneas

Denominamos Olla gitana a un plato tradicional de Murcia, caracterizado por la mezcla de ingredientes heterogéneos como la pera, la hierbabuena o los garbanzos. Recientemente hemos sabido que Olla Gitana tambien es un proyecto cultural que acontece en la Sala Verónicas de Murcia, realizado por un grupo heterogéneo de personajes: El cocinero Juan Carlos RuizTiquismiquis, el comunicador Jorge MartínezGerminalComunicación, y el arquitecto Miguel MesaFiloatlas. Junto a ellos, 192 personas solo aparentemente desconectadas compartirán mesa y cuchillo en unas cenas programadas que se registran y comparten en la red. La tercera acepción de Olla gitana está ocurriendo justo ahora en las redes y en los cuerpos. Alude a la proliferación de controversias en las que asuntos tan heterogéneos como las políticas culturales de Pedro Alberto Cruz, la problemática utilización del adjetivo “gitana”, o  la pertinencia de ubicar el trabajo de no artistas en espacios institucionalizados para el arte, aparecen vinculados a través de una práctica cultural concreta.

Esta capacidad de movilizar heterogeneidades a partir de la construcción de nuevos productos adhoc es para mí lo más interesante de la cultura como práctica -gastronómica, artística o política. En estos tres casos, su aparición se fragua a lo largo de muchísimo tiempo, estabiliza una gran cantidad de pactos, y fija el destino común de colectivos muy diversos. Y por lo tanto hay que aproximarse al fenómeno desde la enorme dignidad que atesora. Creo que nadie cuestiona las capas de información, procedimientos y opòrtunidades que aglutina la Olla gitana como receta, pero creo igualmente que somos poco conscientes de la necesidad de entender nuestras prácticas precisamente en su calidad de movilizaciones capaces de resemantizar los asuntos a partir de nuevas condiciones de posibilidad.

Mediante estas cenas, observamos que  grupos de personas y cosas heterogéneas comparten redes de información, maneras de estar en el mundo y políticas cotidianas, a pesar de la desconexión material, profesional, de género o de edad que se da entre unos y otros. La intervención en Verónicas activa exitosamente las multiplicidades en que operamos y al hacerlo, nos recuerda la necesidad de dignificar sus protocolos y formatos. También de activarlos críticamente. A la vez, nos invita a pensarnos como una discreta receta política en que la que unas peras más unos humanos más unos garbanzos más unas formas de estar juntos más un lugar y contexto específicos son otra cosa que que en cualquier caso nos hace irremediablemente otros.

olla_gitana

Anuncios

Potlatch! Tres razones para una seducción informada

De antiguo me viene la fascinación por las intervenciones ¿efímeras? de Elii. Nunca he sabido bien por qué, pero en este post voy a intentar diseñar una teoría adhoc que explique mi atracción por esas prescindibles obras tan llenas de sensorialidad como su última intervención en Ranchito Matadero: Potlatch! . Le llamaré Tres razones para una seducción informada:

> Estos proyectos se componen de una serie de documentos que intervienen en torno a un tema. Pero diría que ninguno de ellos tiene la aspiración de agotar su posible descripción. Parece que se ha establecido un pacto entre las capacidades de cada formato -vídeo, texto, imágenes, …- y el proyecto. Cada documento desarrolla asuntos diferentes del trabajo, y lo hace a su manera, olvidando incluso algunos aspectos fundamentales. Es como si trabajaran desde la confianza en una arquitectura distribuida en una pequeña red de documentos independientes en cuya agencia se confía plenamente. En el caso de Potlatch!, uno se distrae en la propia retórica del vídeo y en los lenguajes y resonancias que despliega, sin sentir una gran necesidad de correr a ver la intervención ¿real?. El vídeo y la intervención en Matadero son autónomos uno del otro, funcionan en planos paralelos. Igual sucede con el resto de informaciones que aparecen. Cada una de ellas apela a una legitimidad propia, no representan una realidad otra que existe en otro lugar. Se trata de alianzas interesadas que expanden la arquitectura hacia otras sensorialidades cualificadas.

>> Este trabajo se desarrolla sobre unas lógicas constructivas de bajo coste. Sin embargo, se aleja radicalmente de esa moral de la pobreza que intenta por vía de la imposición exonerarnos de nuestras ¿culpas?. Para ello, no renuncia a la seducción como estrategia y a la intensificación de las capacidades menos evidentes del cuerpo humano y de los otros cuerpos materiales que intervienen. Es difícil discernir por ejemplo si la estupenda María Jerez forma o no parte de la obra. ¡No consigo interpretarla de una manera diferente a como interpreto a la mesa, o a sus botas! Y es que no parece haber una relación jerárquica entre los elementos. Todos ellos se despliegan en un paisaje de relaciones horizontal que escapa a las consideraciones apriorísticas originadas en su coste, en su ontología, o en su problemática escasez, para afirmarse en una prometeica performatividad familiar. Cada elemento necesita seducir al usuario y ser incorporado a un conjunto más extenso de decisiones sobre sus formas de vida/trabajo. En realidad se nos propone una familia de cosas que esperan ser activadas a partir de una complicidad sociotécnica sin la cual el proyecto no se desarrolla del todo: Aparecen unas plantas que necesitan ser regadas y ubicadas en entornos luminosos, y sobre las cuales se puede conversar con los vecinos; unos muebles que necesitan de la negociación con los de al lado para optimizar su relación con el espacio; una hamaca que igualmente necesita de una intepretación de las vecindades estructurales y humanas…

>>> Me viene a la memoria el libro de Jane Bennett The enchanment of Modern Life o del tipo de trabajos derivados de los estudios feministas sobre el cuerpo, que reclaman una ética que ya no puede remitirse a un conjunto de doctrinas prefijadas, sino que se ofrecen como un complejo conjunto de relaciones entre los distintos modos estético-afectivos, capaces de incorporar el humor, el deseo, o los estados de ánimo que movilizan. De manera similar Rosi Braidotti desarrolla sus éticas afirmativas para un activismo militante contemporáneo. Para ambas, el afecto es fundamental para una redescripción sostenible de la política y de la ética. Un afecto que no es exclusivo de los cuerpos humanos, sino que se hace extensivo a las distintas consistencias con las que formamos familias que nos movilizan y nos desplazan. Una ética de los afectos que nos introduce en una dimensión política de la acción arquitectónica.

Potlatch! me sugiere que nos queda mucho por hacer, pero que hay vias alternativas muy ilusionantes.

BEAU XII: Los guardianes de la tribu

Se acaban de fallar los premios de la XII Bienal de arquitectura Española. El resultado me deja un regusto amargo: Apuestan por consolidar algunas de las viejas familias de la arquitectura española. Más allá del acuerdo o desacuerdo con cada uno de los elegidos, se detecta inicialmente una preocupante falta de heterogeneidad…  Pero, ¿qué podrían suponer unos premios de este tipo?

Por un lado, la visibilidad/legitimidad que aportan los reconocimientos públicos son una de las herramientas para la consolidación de las diciplinas. A partir de ellos, se constituye una idea compartida de lo que es deseable. Pero bajo esta pacífica máscara, también es cierto que los premios excluyen y segregan, sancionan y organizan un reparto de la realidad que conviene someter a juicio, ¿Qué políticas se esconden detrás de cada convocatoria?

Las instituciones vinculadas a la arquitectura se encuentran en franco declive, posiblemente porque han olvidado su misión “instituyente” de realidades alternativas. Los premios de esta Bienal han dejado pasar la oportunidad de repensar una nueva institucionalidad más atenta a señalar prácticas emergentes todavía en fase de consolidación, prácticas que manifiesten una aproximación arriesgada cuya presencia en foros especializados les podría permitir explicarse, “identificarse” y construirse a partir de debates compartidos.

Para avanzar hacia una nueva institucionalidad, los premios podrían reconocer el carácter controversial de los propios premiados, y la oportunidad que suponen para debatir sobre aquellas prácticas emergentes más críticas y que apuestan por producir unos repartos menos previsibles y más atentos a las urgencias del presente. Los premios podrían ser entonces una edición de lo sucedido estos dos últimos años, un pasar a limpio lo que ya está aconteciendo, más que un mecanismo sancionador… Sobre las bondades de muchos de los premiados ya existe un consenso clausurado. ¿Para qué, entonces, insitir en ello?

A mi juicio, la falta de riesgo de esta Bienal consolida un mecanismo de defensa anclado en el miedo a las transformaciones propuestas por la contemporaneidad. La institución se defiende del futuro mediante el reconocimiento de lo que quiere que pensemos que funciona. Para eso no hacía falta un jurado tan experto, bastaba con extraer la media de las apariciones en los medios de difusión durante los últimos años…  y hubiéramos acertado en un 80%. El saber como dominio excluyente de los expertos ha ganado de nuevo la partida. Siempre nos quedará rastrear en las listas de presentados y emocionarnos con algunos de los inesperados hallazgos…

Att-CargoCult

Taksim: Ciudades como productos pacificados

El Parque Gezi y la Plaza Taksim de Estanbul acogen estos días diversos episodios de violento desacuerdo. La inminente operación de gentrificación orientada a la urbanización del parque desorganizó hace unas semanas las rutinas cotidianas de sus ciudadanos. Por un lado el suceso nos parece una anomalía. Nuestras ciudades europeas recrean escenarios pacificados donde el conflicto ha sido erradicado, acusado de mal rollo. Actuamos como si el espacio urbano hubiera sido concebido tan sólo para representar la sintonía entre los numerosos protagonistas de la escena. Por otro lado la discusión actualiza de nuevo la pregunta ¿quién decide sobre la ciudad hoy?

El siglo XX, con sus estrategias de racionalidad excluyente, situó en manos de los expertos las decisiones importantes. Las urgencias del primer capitalismo articularon los protocolos necesarios para la producción eficaz de la ciudad. En la actualidad, formas más evolucionadas del capitalismo cognitivo intentan capturar en la figura de las Smart Cities las complejidades de la ciudad. Al insuficiente saber de los arquitectos se adhiere ahora el de los sociólogos, publicistas, informáticos, psicólogos, economistas, expertos en redes, en gestión, en sostenibilidad, etc. Unos expertos son sustituidos por otros, pero permanece la idea de la ciudad como producto negociado tan sólo entre las fuerzas productoras globales y los sistemas de poder locales.

Paralelamente va creciendo una nueva sensibilidad en torno a la cualidad de procomún que atesora la ciudad como artefacto dinámico que nos pertenece a todos. Al menos, la necesidad de pensarla así. La ciudad ya no pertenece a los que la gestionan. En Estanbul se rebelan hoy contra la apropiación estatal de lo que es de todos. Sin embargo, las reflexiones y acciones capaces de activar el empoderamiento ciudadano y la condición laboratorial de la ciudad todavía no han producido herramientas de la eficacia mostrada por la violencia maquínica de los expertos. Nunca aspiraremos a tanto, claro.

Las revueltas ocurren en Estanbul, a modo de último episodio de resistencia frente a la próxima y definitiva absorción de Turquia por parte de la Unión Europea. Con este violento camino de pacificación, pasear por Estanbul será como hacerlo por Frankfurt, Lovaina o Venezia, ciudades estabilizadas donde el conflicto ha sido definitivamente erradicado, auspiciado por nuestra necesidad de reafirmación identitaria en unos escenarios estabilizados que compiten por la excelencia higiénica, por formar parte de la gran familia de ciudades europeas que muestran con orgullo el alto nivel civilizatorio del neoliberalismo contemporáneo.

TURKEY-POLITICS-UNREST

Rancière: el amateur y las comunidades de afectos

El pensamiento de Jacques Rancière articula desde distintos ámbitos la ruptura entre un agente activo que “produce” la realidad, y un agente pasivo que la “recibe” de manera pasiva. Sea en el ámbito de la pedagogía (1), de las artes escénicas(2), o del cine(3), esta ruptura ontológica revela su potencial político en la forma de emancipación. Para Rancière, será el régimen representativo propio de las Bellas Artes y las Bellas Letras, el que a partir de la fabricación de límites, géneros, temas y formas de conocimiento precisas, establezca una reducción nada inocente de las posibilidades políticas y creativas del arte. Desde esta óptica, el cine, por su especial dificultad para ser encuadrado en límites sensoriales clausurados o por su cercanía a los modos de entretenimiento convencionales, ejemplifica una desable identidad de contrarios que para Rancière definiría la pertenencia al régimen estético del arte. Esta identificación entre contrarios, el que sabe y el que no sabe, el actor y el espectador, etc., constituye el instrumento clave para cualquier desable emancipación del ser.

En este juego de rupturas, será el amateurismo como forma democrática de socialización, el que permitirá mostrar visiones distintas del mundo. Tanto al transgredir los límites habituales de las disciplinas y de los discursos logocéntricos, como al imbricarse con el juego de afectos que el cine invariablemente despierta, el cine explota su capacidad máxima de creación de nuevas realidades, pero no sólo a través de las imágenes, sino sobre todo de los discursos y vínculos extraoficiales que el espectador genera en sus respectivas comunidades de afectos. Sin embargo, y más allá de la idoneidad emancipatoria del cine como forma de arte híbrida, considero que se trata sólo de una diferenciación cuantitativa, y de ningún modo cualitativa.

Así, desde hace unos años y de manera recurrente, la necesidad de hacer participar en el festín de la arquitectura a un número mayor de agentes relevantes, ha puesto en auge algunas fórmulas como la participación ciudadana o el diseño participativo, que intentan acercar los modos de producción de arquitectura a los modos de hacer propios de los sistemas emergentes (4).  Sin embargo, y desde la óptica que estamos enunciando, de lo que se trata más bien es de inventar e impulsar nuevas comunidades de afectos en torno a la arquitectura capaces de cuestionar la autoridad de los expertos, de crear nuevas e imprevistas vecindades, y de trazar líneas de fugas entre formas de conocimiento alejadas.

(1) Rancière, Jacques. El maestro ignorante : cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Buenos Aires  Argentina: Libros del Zorzal, 2007.

(2) Rancière, Jacques. El espectador emancipado. 1ª ed. Buenos Aires: Ediciones Manantial, 2010.

(3) Rancière, Jacques. Las distancias del cine. Pontevedra: Ellago, 2012.

(4) Johnson, Steven. Sistemas emergentes: o qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y sofware. 1ª ed. Madrid: Turner, 2003.

Martha Rosler. Garage sale. ICA London, 2005

Martha Rosler. Garage sale. ICA London, 2005

El arquitecto como historiador (I)

Como recientemente ha observado Miguel Angel Hernández-Navarro (1), el pasado parece retornar en la forma de multitud de prácticas artísticas que aspiran a continuar, por medio de las obras, el destino de los fragmentos que recibimos como legado de todo tiempo anterior. Las posibilidades que se abren para actualizar a través de la praxis artística las historias excluídas de las narrativas oficiales, dibujan una renovada dimensión emancipadora que se quiere alejar de la nostalgia por medio de la experiencia material y afectiva. Obras como El síndrome de Guernica (2011) de Fernando Sánchez Castillo, o Oscura es la habitación donde dormimos (2004-07) de Francesc Torres, actualizan para Hernández-Navarro el pasado, desplazando el rol del artista -especialmente en el último caso-, hacia el del historiador.

La posibilidad del artista como historiador nos lleva a repensar las dificultades para un hipotético arquitecto como historiador, ya que los excesos de la posmodernidad arquitectónica parecen habernos alejado de cualquier contubernio con los métodos de la Historia. Además, tampoco es fácil reconocer en la producción arquitectónica reciente obras que reivindiquen el potencial creativo/político del legado fragmentado del pasado, o las posibilidades metodológicas que ofrece la memoria entendida como agente ensamblador entre pasado y presente.

Algunas obras próximas a esta sensibilidad, como la Sábana Santa de Tromso (2005), de Andrés Jaque, plantean la creación de situaciones arquitectónicas a partir de la manipulación de un objeto cotidiano como un pedazo de tela blanco. La propuesta reconstruye con hilo bordado las huellas materiales que su tránsito por el presente han dejado inscritas en su materialidad.  El objetivo por tanto no es tanto crear sino desvelar, por lo que hablaríamos más bien de una utilización cómplice de la memoria que los objetos arrastran consigo, así como de un acercamiento al objeto desde la perspectiva del arquitecto como arqueólogo.

Otras obras, como gran parte del trabajo de Marjetica Potrc, producen al desplazar fragmentos materiales desde sus lugares de origen a los contextos más institucionalizados del arte, una aceleración de su tiempo presente hasta convertirlos en pasado por la vía de la modificación de sus marcos espaciales y políticos. Es en este caso el rol del arquitecto como artista y etnógrafo el que parece activar una lectura más justa y solidaria de los fragmentos reconstituidos en la obra.

Me pregunto entonces, prometo investigarlo, ¿porqué no podemos actuar a modo de arquitecto como historiador ?

(1) Hernández-Navarro, Miguel Angel. Materializar el pasado. El artista como historiador (benjaminiano). Murcia: Micromegas, 2012.

Fco. Javier Sainz de Oiza en el Partenon de Atenas

Éticas afirmativas

Superada ya una primera fase de hastío y de toma de conciencia respecto de dónde nos ha situado la postmodernidad, ya no parecemos tan excitados con la posibilidad de describir un estado de la cuestión o de diagnosticar un conjunto de problemas cuya articulación exitosa pueda hacernos sospechar que por fin hemos sido capaces de comprendernos como tribu. Más allá de la propia subjetividad, es difícil así fijar criterios dinámicos para la selección de propuestas arquitectónicas sobre las cuales centrar un trabajo de investigación que opere más allá de su dimensión crítica.

Probablemente esta es la razón por la cual disfrutamos enormemente con propuestas teóricas como la de Rossi Braidotti, The new activism: A plea for Affirmative Ethics, donde la autora reivindica la incorporación en toda forma de producción contemporánea de unas éticas afirmativas que superen las posiciones dialécticas polarizadas en torno al bien y el mal, para volcarse en aquellas propuestas que operan describiendo mundos alternativos más deseables, como estaría haciendo desde hace tiempo una gran parte de las producciones artísticas vinculadas a la cultura feminista: “Una política de la afirmación aspira a crear las condiciones para una pluralidad de futuros sostenibles. Una política transformadora afronta el futuro como una responsabilidad colectiva y compartida orientada a cambios que perduren. La justicia intergeneracional es otro nombre para la sostenibilidad social”.

De igual manera se explicaría nuestro interés por Brian Holmes y su Manifiesto afectivista. Al recuperar una dimensión instituyente para nuestras instituciones, nos sentimos de nuevo útiles para contribuir a la redescripción del presente en términos creativos más justos y solidarios. Sus aportaciones consolidan una aproximación al aula como campo de batalla, como lugar donde se congregan una gran multitud de contingencias y controversias que atraviesan los ámbitos plurales de la arquitectura, y donde estudiantes y profesores habitan por un tiempo un espacio de negociación protegido y orientado a la formulación de nuevas realidades.

Y así muchos otros que nos hacen sentir partícipes…

Sin embargo, es difícil acceder mucho más al interior de la arquitectura. Nuestra teoría-crítica parece estar más preocupada por la clarificación sistemática de unos límites que otorguen carta de naturaleza a nuestro trabajo, lo cual nos excluye de nuevo de todo debate prospectivo comprometido. A pesar de la dificultad, desde estas líneas queremos contribuir a redescribir el presente en términos creativos y afirmativos. La empresa no es fácil, pero tenemos algunas pistas… Y todas las herramientas disponibles!